Cathy Schiff, premio al mejor jefe de cocina: «Mi padre me enseñó que hay que poner pasión en todo lo que haces»

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Recoger este premio tiene para Cathy Schiff, jefa de cocina de La Hacienda, un sabor agridulce. Los recuerdos de su padre, uno de los cocineros más afamados del país, se le acumulan estos días junto al trabajo de las fiestas navideñas al frente del negocio familiar. Entre plato y plato, esta pastelera de renombre repasa su dilatada trayectoria profesional en el mundo de la alta cocina con una fecha marcada en rojo en su calendario, el 9 de enero, día en el que la Academia Gastronómica de Málaga le entregará el galardón en el hotel Marbella Club.

-¿Cómo lleva ser el próximo premio Paul Schiff?
Es algo muy importante. Personalmente, es muy emotivo porque lleva el nombre de mi padre y profesionalmente es un gran honor porque es el reconocimiento a la labor que haces. La alegría se mezcla estos días con el dolor que supone su pérdida.

-Es el primer reconocimiento de esta categoría que recibe por su trabajo. ¿Cambiará algo?
Hace dos semanas que me lo comunicaron y mi vida no ha cambiado en nada. Bueno sí, algunos clientes han sabido del premio y me han felicitado. Es una garantía de calidad, por así decirlo. De todas formas, el premio es para todo un equipo. Esto no lo consigue una persona sola, sino un conjunto. Sería imposible.

-¿Qué le enseñó su padre y que tuvo que aprender por su cuenta?
Mi padre falleció de forma inesperada en accidente de tráfico cuando tenía 29 años y no llegué a trabajar con él. Me enseñó que hay que poner pasión en todo lo que haces y de él aprendí que son tres las claves del éxito: trabajo, trabajo y trabajo. Lo único que no me enseñó es a defenderme sola. No le dio tiempo. Me ha hecho mucha falta, especialmente los primeros años que me hice cargo del restaurante, fueron tiempos difíciles porque hubo un cambio de clientela y tuvimos que adaptarnos. Mucha gente relacionaba La Hacienda con él, y todavía lo hacen.

-¿Pesa mucho ser hija de?
No es un peso, pero sí una exigencia para estar a la altura.

-¿Y cuál es la altura de la gastronomía en Marbella?
Tenemos un nivel altísimo. Málaga cuenta con cuatro estrellas Michelín y eso significa que las cosas se están haciendo bien.
-¿Qué le falta y que le sobra a la Costa del Sol?
Le sobraba algo que ahora se está remediando, los precios. Con la crisis, los restaurantes están bajando los precios o dando más por el mismo. La popularidad que cogió la cocina de Marbella hizo que se dieran facturas por encima de lo aceptable. Ahora trabajamos más por menos.

-¿Piensa que la crisis puede ser una oportunidad para el sector?
Sí, por qué no. Es un buen momento para reflexionar, para mirar atrás y reubicarse y para hacer balance de lo que se puede mejorar. A La Hacienda también le está afectando la crisis pero nos estamos adaptando bastante bien a la situación y ofreciendo nuevos productos para atraer a la clientela y está dando resultado.

-¿Qué peso tiene la gastronomía en el turismo?
El turismo gastronómico es un fenómeno en el mundo entero. En cualquier viaje de ocio, la cocina se ha convertido en una de las principales inquietudes. ¿Quién no le pregunta al hotel o al taxista dónde comer? Es un reclamo.

-¿Para usted la cocina es diversión?
Me divierte muchísimo cocinar.

-¿También innovar?
Yo soy muy clásica e intento ser fiel a mi misma. Soy de las que piensan que está todo inventado. Me gusta la cocina tradicional y más que innovar modifico algunos platos para aportar mi toque personal. Junto a otros 13 restaurantes de Málaga promocionamos la gastronomía de la zona, primero los productos típicos de la provincia y luego los andaluces. Estamos trabajando mucho para que la cocina de nuestros antepasados no caída en el olvido. Hay que recuperar la memoria gastronómica de la gente.

-¿Cuál es su ingrediente fetiche?
El chocolate es un producto que utilizo en exceso en todos mis postres. A veces el maitre o mi hermano me recuerdan que de los diez postres que tenemos en la carta, ocho llevan chocolate. ¡Se me va la mano!

-¿Y su postre favorito?
Tengo varios, pero me gusta uno de los últimos que he hecho. Es una panacota de triple seco con compota de remolacha y naranja. Curiosamente no lleva chocolate.

-¿Es muy golosa?
No demasiado, pero me gusta el dulce. Afortunadamente, no me engorda.

-¿De no haber sido cocinera, que le hubiese gustado ser?
De jovencita tenía dos cosas que me atraían mucho: la pastelería y la puericultura, pero pronto opté por lo primero, es lo que más me gusta y mi padre me animó mucho a seguir. Con 17 años empecé a hacer prácticas en distintas casas de Europa. Fue una gran oportunidad para aprender. En realidad, aún sigo aprendiendo.

Fuente: diariosur.es

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