Fallece Marcos Eguizábal
Sábado, 15 de Agosto de 2009 18:46
El empresario y bodeguero que presidió los años dorados del CD Logroñés en Primera División murió ayer en Madrid a los 90 años
Marcos Eguizábal, empresario constructor y bodeguero riojano, murió ayer en Madrid a los 90 años de edad. Su cuerpo reposa en el tanatorio de La Paz, en Tres Cantos, y recibirá sepultura hoy, en la intimidad, en el cementerio de Aravaca a las 12.30 horas. Dos horas antes, en la capilla del tanatorio, se celebrará una misa por su eterno descanso.
Acaba así la peripecia vital de un empresario controvertido y exitoso, nacido en el seno de una humilde familia de El Villar de Arnedo, pero que logró levantar un imperio económico y que conoció el éxito popular como presidente del Club Deportivo Logroñés. Bajo su mandato, la entidad blanquirroja vivió sus años de gloria: los siete primeros años en la élite y el posterior año del ascenso directo a Primera División.
Eguizábal era el menor de una familia de catorce hermanos. Su padre era un agricultor que se ganaba la vida vendiendo vino a granel por los pueblos de la comarca. Marcos quiso estudiar Enología, pero la Guerra Civil truncó sus deseos y no pudo acabar la carrera de Químicas; finalmente, se convirtió en maestro y consiguió plaza en Logroño. Aunque apenas ejerció: durante los primeros años de la posguerra empezó a dedicarse al comercio con vinos y patatas.
Pero el despegue de Marcos Eguizábal como empresario llegó a través de la construcción. Primero en La Rioja y en Álava, y posteriormente en Madrid, Eguizábal comenzó a levantar un imperio que pronto se extendería hacia el sur. En Almería, descubrió las inmensas posibilidades de una tierra hasta entonces despreciada y logró montar, en El Egido, una empresa agrícola de primer orden, capaz de exportar sus productos a toda Europa.
Eguizábal había aprovechado el primer boom inmobiliario para hacerse una posición y años después aprovecharía otra ocasión para introducirse con armas y bagajes en el negocio vitivinícola. La polémica reprivatización de Rumasa permitió a Marcos Eguizabal hacerse con las bodegas riojanas que pertenecieron a Ruiz Mateos, con Franco Españolas, Paternina y Lan como arietes señeros. Con este golpe de efecto, Marcos Eguizábal volvía a su tierra.
Pero, pese a sus inversiones y a su patrimonio, todavía era un hombre más o menos anónimo. Hasta que apareció el fútbol en su vida. El Club Deportivo Logroñés acababa de ganarse el ascenso a Primera División, bajo la presidencia de Joaquín Negueruela, y Marcos Eguizábal llegó para capitanear una nave muy humilde que iba a afrontar una travesía por un océano inhóspito. Eguizábal, de cuya ignorancia futbolística pronto se contaron mil anécdotas (apócrifas o reales), asumió la gestión del Logroñés como si de una empresia propia se tratara. Y pronto llegaron a Las Gaunas estrellas con un currículum deslumbrante: Óscar Ruggeri, Antonio Alzamendi, Anton Polster... El Logroñés, que el primer año había salvado la categoría por los pelos, fue asentándose en Primera División y labrándose un nombre por toda España. Especialmente brillante resultó la temporada 1989-1990, con Romero al frente: el equipo acabó séptimo, estuvo a punto de clasificarse para la UEFA y aún se recuerda el fútbol de seda que practicaban Setién y Sarabia.
La decadencia llegó en la temporada 1995-1996, con el descenso del club. Una plantilla mucho más barata, un confuso baile de entrenadores... y a Segunda. Pero Eguizábal aún aguantó una año más en la presidencia para asistir a un acontecimiento único: el segundo ascenso del Logroñés, de la mano de Juande Ramos y con una plantilla confeccionada sin grandes alardes. Eguizábal se despidió entonces del fútbol. Lo que vino después engrandeció su figura.
Fuente: larioja.com




